
Cada vez que salgo en bicicleta, lo cual es bien seguido porque es más placentero que viajar en micro, voy por la vereda (acera) porque no voy con casco y al ser bicicletas públicas prefiero ir por donde se mueven lo peatones.
Esto me ha llevado a adoptar ritmos a la hora de desplazarme por de un lugar a otro, aprender a acelerar cuando son pocos, a bajar la velocidad cuando se concentran, a moverme de lado a lado para ir a través de ellos sin tocarlos. Es un baile tácito entre los peatones y la bicicleta, tal vez a varios de ellos le ha molestado que a veces pase tan rápido pero respeto sus velocidades y distancias. Observando su vaivén, ya que no se mueven en líneas rectas sino como nubes que cruzan por el cielo, de un punto a otro cambiando su forma y contexto.
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